sábado, 18 de febrero de 2012
Caer hacia arriba
Estás a punto de caer. Lo sabes, lo notas. El vacío no está al alcance de tu mirada pero aún así lo percibes, más nítido incluso que cualquier recuerdo en el momento mismo de su formación, cuando no era parte del pasado sino de un riguroso presente. Sientes la presencia de esa nada uniforme que se alza imponente desde alguna parte irguiéndose amenazadora sobre tu pútrida existencia. No es un vacío físico, ni una nada palpable. No es la desgarradora paz de la melancolía ni el acongojante encogimiento cardíaco del miedo. No es tristeza ni terror. No es absolutamente nada. Y precisamente por eso te encanta. Sabes que estás al borde del abismo. Sabes que en cualquier momento puedes descolgarte, haciendo caso omiso de esa gravedad que te acompaña desde el inicio de los tiempos. Puedes desafiar las leyes de la física, despegarte del suelo al que te has estado manteniendo atada por pura conformidad y caer. Rozar los límites. Un límite no tiene por qué estar marcado. Ni siquiera tiene por qué estar al alcance de tus manos. Estás en trance, sentada en medio de cualquier parte, ni siquiera distingues unas letras de otras, pero ahí estás, sabiendo que exploras tus límites, sabiendo que estás a punto de caer. Estás escribiendo. Te estás vaciando, reflejando en la pantalla todo lo que llevas dentro. Los caracteres se van acumulando, uno tras otro, y ni siquiera parecerán tuyos cuando releas el conjunto mañana. Te parecerá acojonante todo lo que sacas sin ni siquiera haber tenido conciencia previa de ello. Precisamente por eso escribes. Para saber quién cojones eres. Porque si no escribieras, si no te desangraras sobre el folio o la pantalla, no tendrías ni puta idea de todo lo que te pasa por la cabeza. Dicen que sólo usamos una parte de nuestro cerebro. Con tu personalidad pasa lo mismo. Sólo conoces, y sólo usas una parte. La otra parte, la mayoritaria, oculta, sólo aflora en situaciones limítrofes que nunca vas a vivir y que tienes que escribir para poder sacarlas de ti. Escribes porque no te estás muriendo de hambre ni estás en medio de una guerra. Es probable que incluso nunca vayas a la cárcel, ni te secuestren, ni te destruyan. Nunca padecerás una herida de bala. Nunca te pasará un camión por encima, ni te amenazará la mafia. Sabes que son cosas que ocurren a tu alrededor, pero a ti, nunca. Eso sólo le pasa a los demás. ¿Y quién cojones son los demás? Nadie. "Los otros" nunca ha sido una realidad palpable. Como tus límites. Esos que nunca vas a conocer. Por eso escribes. Porque como son cosas que nunca te van a pasar, y sabes que forman parte intrínseca de lo que eres, y sobre todo, de lo que puedes llegar a ser, necesitas conocerlos. Al menos, para sentir por un momento que estás completa. Y joder, qué puto momento de gloria.
Etiquetas :
existencialismo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
5 reacciones:
http://www.youtube.com/watch?v=4AhpoqTkuwY
De los mejores putos momentos de gloria de la vida :)
Y tantos psicoanálisis que podríamos sacar de cada blogspot de cada ente. De los colores, de las palabras usadas, de su orden, de las diversas temáticas... Por qué sería divertido sino, autoreciclar la poesía?
Vomitar infiernos en álgebra sobre el papel, basados en realidades inexistentes o, cuanto menos, finitas
http://www.youtube.com/watch?v=jZD2rFLbX2c
Publicar un comentario en la entrada